¿Cuando una proposición es científica? Sobre falsación y filosofía de la ciencia

Retrato de Karl Popper, el fundador del concepto de falsación
Karl Popper. Fuente: Wikipedia

La idea de la falsación es el hallazgo genial de uno de los mejores y más influyentes filósofos de la ciencia, Karl Popper. La idea central es (aparentemente) muy simple y es la siguiente: una proposición es científica cuando puede, eventualmente, ser falsada.

¿Pero qué significa falsar una proposición? Aquí, este término es un sinónimo de refutar. Por tanto, falsar significa demostrar, mediante observaciones o experimentos, que una proposición es falsa.

Este es un artículo de divulgación. Necesariamente es incompleto y está sesgado por las preferencias de su autor, aunque intenta ser lo más objetivo posible. Su propósito es dar a conocer conceptos sobre filosofía de la ciencia que puedan ser útiles a jóvenes investigadores.

¿Cómo es posible que la falsación sea un criterio de demarcación? Por criterio de demarcación se entiende aquí uno que permite separar proposiciones científicas de las que no lo son.

Vamos a verlo con un famoso ejemplo. La proposición “la velocidad de la luz es relativa al observador”  es científica porque se puede diseñar un experimento para comprobar si la velocidad de la luz, efectivamente, es dependiente (o no) del observador (es  decir, si la tal velocidad es absoluta o es relativa ).

Una vez efectuado tal experimento, la proposición quedará o bien falsada de forma definitiva, o bien provisionalmente confirmada.

Es decir, mientras no sea falsada, una teoría en el mejor de los casos se acepta como verdadera de manera provisional. 

Ahora bien, como casi todo el mundo sabe, esta proposición sobre la luz que hemos puesto más arriba fue refutada mediante un modélico y preciso experimento en el siglo XIX (que luego se ha repetido innumerables veces en laboratorios de todo el mundo).

Esto dio lugar a la teoría de la relatividad de Einstein, que explica por qué la velocidad de la luz es absoluta para cualquier observador, y cómo afecta esto al tiempo y del espacio, a despecho de nuestra percepción. Pero esto, por supuesto, es otro tema.

Lo importante es que, gracias al falsacionismo de Popper, adquirió categoría filosófica la idea de que verificar muchas veces una proposición no demuestra su verdad, en cambio, una observación en contra es suficiente para que quede refutada.  

Proposiciones que siempre son verdaderas

Para acabar de entender el concepto de falsación, veamos ahora cómo sería una proposición que no se pudiera falsar de ninguna forma.  Pongamos la proposición: “Dios existe”.

De acuerdo con el criterio de falsación, esta proposición no es científica (lo que no impide que sea verdadera) porque no hay ningún experimento ni observación de ningún tipo que, eventualmente, pudiera demostrar que esta proposición es falsa.

Por lo tanto, la expresión “Dios existe” queda fuera de la ciencia, al no ser falsable, cosa que no demuestra nada acerca de su verdad o su falsedad.

El origen de este hallazgo de Popper tuvo como motivación por un lado, la necesidad de encontrar un elemento de demarcación entre lo que es una proposición científica de la que no lo es. Por otro, solucionar el llamado problema de la inducción.

De acuerdo con este problema, el conocimiento científico basado en la experimentación y la observación estaba (teóricamente) asentado sobre un barril de pólvora, debido a que la inducción no demuestra nada, desde un punto de vista lógico/filosófico.

Popper dio la vuelta a la cuestión. Ya no se trata de que una proposición sea científica porque esté demostrada mediante inducción, sino que es científica (siempre de modo provisional) si se ha enunciado de modo de que existe al menos una forma en la que puede ser falsada.

El mejor conocimiento científico disponible

Ahora corresponde unas observaciones más sobre la provisionalidad de todo conocimiento científico. Cabe descartar la idea de que esta provisionalidad significa que las teorías científicas cambian siempre radicalmente y a  gran velocidad.

Por poner un ejemplo, la teoría de la relatividad, de Einstein, ha cumplido recientemente el siglo de existencia y no ha sido falsada, pese a haber sido sometida a miles de experimentos, entre otras cosas porque el científico que consiguiera falsarla sería el siguiente candidato al premio Nobel.

Recordemos, ya que hemos vuelto a este ejemplo tan importante, que esta teoría refutó parcialmente las teorías de Newton, pero estas leyes siguen siendo útiles no solo para la vida cotidiana, sino incluso para programar el lanzamiento de naves espaciales. Por tanto, más que una refutación fue un caso de formulación de una ley de alcance  más general que incluye a las anteriores  como un caso particular o de menor alcance.

A su vez, también es útil recordar que Einstein se basó en una primera formulación de la teoría de la relatividad que era debida a Galileo Galilei, establecida ¡en el siglo XVII!

Como vemos, no es que los conocimientos bien establecidos tengan obligatoriamente una fecha de caducidad, y si la tienen no se parece a la de un yogur.

La posición pragmática en todo esto, es que las proposiciones o leyes consideradas provisionalmente verdaderas son en realidad la mejor ciencia disponible en cada momento.

Imre Lakatos. Fuente: Wikipedia

A vueltas con la falsación

Es suficiente que un concepto tenga éxito para que aparezcan teorías rivales aunque solamente sea porque cuando hay muchas mentes dando vueltas a un mismo tema, es casi imposible que se pongan de acuerdo, y lo siento si esta afirmación parece  frívola, pero es justo lo que sucede.

Por esta razón, solemos hablar de la “corriente principal”. Por ejemplo, no esperamos que la totalidad de los científicos estén de acuerdo en el rol de la humanidad en el cambio climático. Debemos conformarnos con que la corriente principal de los científicos involucrados si lo esté.

De modo que la teoría de la falsación también tiene quienes intentan falsarla, como era de esperar, por no decir quienes la aceptan pero solo en parte y ven necesario reformurla o hacerla más sofisticada. Cosas que casi siempre, en filosofía, se revelan útiles.

Por ejemplo, algunos teóricos alegan, con razón, que el falsacionismo en su formulación original no sirve para describir el modo en el que trabajan de facto los científicos. 

Efectivamente, cuando un experimento parece refutar una teoría, los científicos no corren a tirarla por la ventana.  De hecho, a veces, los científicos tienen el incentivo contrario, puesto que sus carreras y sus posiciones académicas muchas veces están comprometidas con el mantenimiento de una teoría.

Por lo tanto, antes de descartar una teoría que tal vez les ha procurado fama o simplemente el puesto que ocupan, se aseguran las veces que haga falta, de que el experimento no estuvo mal diseñado, lo que en realidad es una actitud totalmente racional.

Pero lo cierto es que los científicos también compiten entre sí, y aunque haya científicos que han conseguido su puesto gracias a una teoría, hay muchos más que están empezando y que están deseando entrar en el Olimpo de la ciencia derribando teorías bien establecidas, y cuanto mejor establecidas, mejor.

Así que, si queremos combinar propuestas teóricas con descripciones de facto, hay que considerarlo todo. De este modo, si bien sabemos que nadie corre a deshacerse de una teoría con un solo experimento que la refuta, también sabemos que ninguna teoría se mantiene mucho tiempo si estos experimentos u observaciones se repiten. 

En realidad, el falsacionismo no tiene por qué describir cómo funcionan los científicos en la vida real, igual que la teoría de los derechos humanos no pretende describir como se comportan de facto los gobiernos. 

Imre Lakatos, otro gran filósofo de la ciencia, tomó la idea del falsacionismo de Popper , por un lado, y la idea de cómo avanza la ciencia de facto, e intentó fundir ambas cosas en una teoría general denominada programa de investigación.

En esta teoría,  el falsacionismo tiene un lugar, si bien junto a otros mecanismos, denominados “protectores” que impiden que una teoría sea desestimada por una primera observación o experimento, puesto que tal experimento puede haber sido mal hecho.

Pero también, incluye el mecanismo comprobado repetidamente de que ninguna teoría es capaz de superar la refutación si tal refutación es confirmada de forma repetida.

Así que la idea esencial de la falsación, hay que saber ubicarla en el lugar que le corresponde, a saber, no como una descripción eficaz de cómo se comportan los científicos (igual que una teoría de los derechos humanos no es una descripción eficaz de como se comportan los gobiernos) sino exactamente como un importante criterio teórico, o filosófico que no puedes ignorar si estás en el negocio de la ciencia.

Este sentido, como tal principio filosófico, se puede expresar de esta otra forma: una proposición no se considera demostrada aunque haya sido verificada numerosas veces, en cambio puede quedar refutada con una sola observación en contra.

Por último, una dimensión más de este interesante concepto es el siguiente: una proposición no es científica si no es posible imaginar ninguna observación o experimento capaz de desmentirla.

Así es como procedió, por ejemplo, Darwin cuando concibió su teoría de la evolución. No solo describió las abrumadoras pruebas a favor, con los instrumentos que tenía en su época (no se conocía el ADN) sino que imaginó LA posible observación que podría refutarla: observar un mecanismo biológico, por ejemplo, el ojo o el vuelo, que fuera imposible que hubiera evolucionado mediante pequeños cambios graduales a partir de formas más primitivas. A día de hoy ni se ha descubierto, ni se la espera (y no será porque los científicos no la busquen con ahínco). 

Falsación y teorías conspirativas

A partir de aquí, unos apuntes (aún más) personales. Me resulta difícil aceptar las teorías conspirativas porque, literalmente, siempre son verdad.

Cuando nos exponen una teoría conspirativa y creemos que podemos desmentirla con algún hecho o razonamiento, los conspirativos, en lugar de aceptar que su teoría ha quedado refutada, inventan un nuevo nivel de conspiración y así su teoría siempre es verdad.

Si la teoría conspirativa afirma que la Tierra es plana, pero la NASA muestra fotografías de la Tierra desde el espacio donde se puede ver que la Tierra es redonda, no hay ningún problema en extender la conspiración a la propia NASA e incluir la proposición de que tales fotografías han sido editadas con un programa informático para que la Tierra parezca redonda.  

Si alegamos que es difícil que la NASA, financiado con fondos públicos, escape a la supervisión estatal, nuestro conspirador dirá que no solo Estados Unidos, sino el conjunto de las Naciones Unidas, forman parte de la conspiración. Y así hasta el infinito.

Política y conspiraciones

Esto que, puede parecer incluso divertido está causando graves problemas con la educación y la salud cada vez en más países del mundo, incluyendo no solo Estados Unidos, que ya sería muy grave, sino la mayor parte del planeta.

Y en una de sus últimas y perversas manifestaciones, está contaminando la vida política de medio mundo. Ha contaminado la votación del Brexit, la elección de Trump, amargó a los demócratas durante todo el mandato de Obama y está entrando de lleno en la forma de pensar de muchos ciudadanos de Occidente, incluyendo nuestra querida Europa, a la hora de decidir su voto y sus movilizaciones.

Hay que tener mucho, mucho miedo a las teorías conspìrativas. En su forma más general, en política, las teorías conspirativas nos dicen que nuestros adversarios políticos no desean lo mejor para nuestra sociedad, como nosotros, sino que ellos, por alguna razón, buscan su degradación.

No nos conformamos con pensar que nuestros adversarios ideológicos tienen prioridades o valores que no compartimos, incluso que tienen ideas o conocimientos erróneos, cosa que ya sería suficiente para preferir otras opciones. Necesitamos creer que son perversos y por alguna razón persiguen intereses inconfesables. 

No es que los partidos a los que nosotros no votamos, simplemente tengan otros valores. Sería demasiado sencillo. Por supuesto, nosotros votamos unos partidos, siguiendo nuestros valores. Pero damos por supuesto que los demás no.

Esto tal vez explica la forma de “argumentar”, por llamarlo de alguna manera, que podemos observar, no solamente entre partidarios de uno y otro bando en la calle, sino en la misma sede Parlamentaria. No estoy seguro de lo que todo esto significa, pero no presenta un gran aspecto.

Para saber más

Para los interesados, por supuesto, lo ideal es leer la obra original de Popper (siempre hay que ir a las fuentes) en la que desarrolla sus ideas sobre filosofía de la ciencia y una de la que más fama le procuró: La lógica de la investigación científica. Si además queremos tener una visión más completa, la obra de un autor ya citado como Lakatos, o la muy amplia de Mario Bunge, uno de los mejores filósofos contemporáneos de la ciencia (y uno de mis héroes intelectuales), siempre es recomendable.

Por supuesto, un punto de partida más a mano para quien no pretenda hacer una tesis doctoral sobre el tema también puede ser, ¿porqué no?, explorar lo que nos dice la Wikipedia. El artículo de la Wikipedia sobre Karl Popper, que desarrolla no solamente el principio de la falsación sino el de algunas de las teorías que lo contradicen, así como proporciona una primera bibliografía sobre el tema, puede ser  una forma de empezar. Otros enlaces posibles:

Y sobre el otro aspecto, de esta nota, en otro artículo, he desarrollado de forma más articulada una teoría general contra las teorías conspirativas y catastrofistas.