Una Teoría General Contra las Teorías Conspirativas y Catastrofistas

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Pensar evitando las evidencias, produce extraños resultados. Fuente: Pixabay

Introducción

Por alguna conjunción astral (¡ya empezamos!) me he encontrado últimamente teniendo que tratar con teorías de tipo conspirativo y/o catastrofista. Por este motivo, he elaborado algo parecido a un argumentario (personal) sobre este tipo de teorías o modos de razonamiento. 

De modo que, en lo que sigue, voy a intentar presentar el grupo de problemas o argumentos (en realidad, meta-argumentos) por los cuales (algunos) entendemos que esta clase de teorías son a-científicas y por tanto inútiles para intentar hacer ciencia o la clase de razonamientos sólidos y contrastables que se consideran propios del mundo académico.

Para entendernos: me ha parecido observar que todas las teorías que (algunos) consideramos conspirativas suelen basarse en algunos supuestos como éstos (soy consciente de que los estoy caricaturizando):

  • Todos los poderes (económicos, políticos, sociales, culturales, etc.) son malos, muy malos.
  • Estos poderes no tienen fisuras ni contradicciones.
  • Estos poderes son poderosos de verdad.
  • No hay nada que podamos hacer.
  • Todo cambio es siempre, pero siempre siempre, para peor; salvo a veces, que es para mucho peor.

Problemas

¿Cuáles son los problemas de tipo lógico -o similar- de las teorías conspirativas si queremos argumentar contra ellas diciendo algo más que el hecho de que son (para algunos) muy cansinas? En mi opinión, presentan los siguientes tipos de problemas:

  • Lógicos:  El problema con las teorías que no hay modo de falsarlas (como en “Dios existe” o su contraria, “Dios no existe”) es que no pueden formar parte del discurso científico o de la clase de escrutinio que se espera de los ámbitos de debate académicos. Este es un problema inmenso en el campo de la ciencia. Una teoría con la que es imposible imaginar siquiera un experimento que eventualmente pudiera falsarla no sirve para nada. Y no tiene nada que ver con el hecho de tener fe o no (lo digo por el ejemplo utilizado).
  • Epistemológicos: son incapaces de dar cuenta de los cambios ocurridos en el pasado. Como las teorías conspirativas dan por supuesto un mundo gobernado por fuerzas tan poderosas, tan inmutables y tan insuperables, no se explica que las sociedades, de hecho cambien. De acuerdo con las teorías conspirativas es inexplicable que la humanidad haya superado, por decir algo, la Edad Media. En cada momento, los conspiranoicos tenían un estupendo argumentario sobre las razones por las cuales cualquier futura tendencia o cambio, en realidad no lo era y en todo caso sería para peor. Si al menos una parte de la humanidad vive bajo formas de gobierno razonablemente democráticas (por comparación con la Edad Media, por ejemplo) y al menos una parte de la humanidad ha salido de la miseria, para las teorías conspirativas tal cosa es inexplicable. No pueden explicar algo como la aparición de los derechos humanos en un momento dado, o que el número de personas que padecen hambre en el mundo se haya reducido enormemente en los últimos años, o que zonas enteras del planeta (como buena parte de Asia) haya abandonado la pobreza extrema. O que la esperanza de vida haya aumentado de forma espectacular en muchas zonas del mundo, o que haya aumentado la escolarización, etc. Todo esto es un misterio tan grande que prefieren ignorar el hecho y creer que nada ha cambiado en el mundo en realidad, no desde la Edad Media, sino desde la Edad de Piedra.
  • Metodológicos: por la misma razón, no sirven para predecir el futuro; que se supone que es la razón de toda teoría con un mínimo de potencia (si con determinada teoría puedo predecir que a cero grado el agua se congelará, a partir de ahí, seré capaz de prever muchas otras cosas). Como según las teorías conspirativas todo es cada vez peor, solo hay una predicción posible: el mundo en el futuro será horrible.
  • Ontológicos: como describen o tienen como fondo un marco de poderes absolutos sin contradicciones, sencillamente dan por supuesta una realidad que no existe. Como sabe bien cualquier estudiante medianamente atento de primero de periodismo (o sociología, o de economía, o de políticas, o de humanidades, etc.) la realidad está llena de contradicciones. Los grupos de poder luchan entre ellos (aunque también cooperan). Las empresas tienen ambiciones de control del mercado, pero compiten entre ellas; aunque sean empresas capitalistas, si esto les permite ganar cuota de mercado venderán libros anti capitalistas. Las teorías conspirativas podían explicar muy bien por qué el gobierno de Estados Unidos estaba involucrado en la guerra de Vietnam, y porqué algunos medios la secundaban, pero no puede explicar porqué la opinión pública, alimentada por los medios de comunicación, fue capaz de pararla. O porqué fue un medio de comunicación conservador el que destapó el watergate, o más recientemente, porqué el mismo medio de tendencia conservadora, fue el más eficaz a la hora de denunciar los abusos de los curas pederastas en Estados Unidos.
  • Pragmáticos: como son teorías tan absolutas, tan redondas sobre lo compactos, poderosos y malvados que son los poderes que mueven el mundo, lejos de ser un aliciente para el cambio, son en realidad teorías desmovilizadoras. El mensaje único que hay detrás de estas teorías es siempre el mismo: no vale la pena hacer nada. ¿Para que? Hagas lo que hagas vamos a peor, y mandan los de siempre. Como ya hemos argumentado, incluso delante de innovaciones que han aportado evidentes ventajas a la humanidad el discurso es igualmente desmovilizador y tristón: Internet nos hace estúpidos, la vacunas las promueven las multinacionales, etc. (¿volvemos a los papiros, o mejor, a las sociedades ágrafas, bailamos a la luz de la luna en lugar de vacunarnos?).
Estados Unidos es un caso ilustrativo de peligrosas teorías conspirativas. La prensa denunció que se había propagado la supuesta existencia de unos comités de la muerte a partir de la reforma sanitaria de Obama.

Conclusiones y alternativas

Las teorías conspìrativas seguirán campando a sus anchas. Primero porque son muy redondas y muy compactas, y esto siempre beneficia a una teoría (o a un meme, si lo miramos así).

Segundo porque porporcionan beneficios tangibles a sus portadores. Las teorías conspirativas y no digamos las catastrofistas venden mucho. Hace poco, Nate Silver, explicaba en su libro La señal y el ruido, que había comprobado que los expertos que siempre anuncian predicciones tremendas son los que suelen ser más veces requeridos por los medios de comunicación, aunque nunca aciertan. En cambio, las teorías tranquilas y sensatas, aunque sean mucho más certeras, predigan mejor el futuro y expliquen mejor el pasado, comparadas con las conspirativas parece que aburren a las ovejas.

Tercero, porque parece haber un gen conspirativo. Parece que una parte de la humanidad, “necesita” creer en conspiraciones. Esto debe ser porque en algún momento evolutivo los portadores de este gen han proporcionado algún beneficio a la humanidad, y puede que aún lo hagan. Sin duda, personas con el gen conspirativo han ayudado a sus grupos o a sus colectivos a estar alertas de algún peligro que otro no veían. Lo cierto es muchas personas de tendencia conspirativa son realmente brillantes, profundamente honestas y ayudan desinteresadamente a la sociedad. Tal vez un personaje como Julian Assange y algunos grandes periodistas de investigación entran en esta categoría.

Cuarto. Porque irse al lado contrario tampoco ayuda mucho que digamos. Pasar de ser conspirativo a creer que vivimos en el mejor de los mundos posibles no es ninguna solución, así que en realidad necesitaremos siempre altas dosis capacidad crítica y tener entre nosotros a personas con espíritu contestador, desconfiado y rebelde hacia el poder.

Entonces,  ¿porqué no aceptamos las teorías conspirativas como un mal menor teniendo en cuenta estos posibles beneficios? Hay varias respuestas, algunas se derivan de lo dicho. Una es por simple amor a la verdad (o por amor a intentar acercarnos a la verdad). Otra porque tienen más potencial desmovilizador que movilizador, otra porque pueden llevarnos a luchar contra aspectos positivos al verlos como negativos (muchos ciudadanos de Estados Unidos creen que la sanidad (más o menos) universal de la que gozan sin excepción todas las demás naciones avanzadas del mundo -salvo Estados Unidos- es una conspiración comunista que incluye a un grupo siniestro de políticos que decidirán sobre la vida y la muerte de los ciudadanos (“comités de la muerte” les llaman).

En casos extremos, como en la Alemania nazi (y ya sé que es un caso muy, muy, pero muy extremo) teorías conspirativas sirvieron de apoyo al holocausto. Y otra, porque, por favor, son realmente cansinas (esto creo que ya lo había dicho).

“La vida es un cuento contado por un idiota, lleno de ruido y de furia, que no tiene ningún sentido”
(Macbeth, 5.º acto, escena V)

Lo que importa es: ¿hay alguna alternativa general a las teorías conspirativas? Creo que sí, lo que ocurre es que no es una alternativa tan compacta como las teorías conspirativas y por tanto no es fácil de defender, o a mí no me resulta fácil. No son alternativas unificadas, Hay una sola forma de ser conspirativos, pero hay muchas formas de no serlo.

La alternativa es tener una mente abierta, cultivada y racional. Atender a lo que nos dice la Historia que por cierto, no documenta ni un solo caso real de teoría conspirativa, sino el mundo contradictorio y con lucha constante de intereses contrapuestos que es en realidad la sociedad humana (la historia llena de ruido y de furia contada por un idiota que decía Shakespeare).

Otras alternativas consisten en desconfiar de teorías tan cerradas como las conspirativas, no confiar en teorías que no son capaces de dar cuenta de las dinámicas sociales, llenas de contradicciones (Engels, el socio de Marx era un empresario procedente de una familia riquísima).

En este sentido, siempre me gusta recordar que el mismísimo Marx (sí el mismo de antes) decía en El Capital (cito de memoria) que los empresarios no eran ni buenos ni malos, sino que simplemente hacían lo que hacían (la búsqueda del beneficio, p.e.) porque la estructura del capitalismo se les imponía a ellos tanto como se les impone a los trabajadores.

He aquí un ejemplo de teoría (la de Marx) que suponía una tremenda denuncia de la sociedad de su época sin necesidad de parecer conspirativa. En lugar de perderse entre explicaciones sobre la maldad de los capitalistas o sobre su codicia, y cosas conspiranoicas parecidas se dedicó a construir un monumento tremendo de denuncia al sistema capitalista de su época. Y por supuesto, creía que eran las contradicciones sociales (esas que jamás ven las teorías conspirativas) las que podían hacer cambiar el mundo (según él, para bien).

Por último, creo que hay que desconfiar de teorías según las cuales todo es cada vez peor: cuando salió la imprenta, se anunciaron enormes catástrofes culturales, lo mismo con (sucesivamente), la radio, el cine, la televisión e Internet; y  lo mismo ahora que parece que se acaba la imprenta. La alternativa es ni más ni menos que la racionalidad. Contrastar teorías y datos. Por ejemplo. Con esto ya sé que no doy ninguna solución fácil, pero tampoco lo pretendo. Sería una muy mala señal.