Una teoría general sobre las teorías conspirativas

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Pensar evitando las evidencias, produce extraños resultados. Fuente: Pixabay

Las teorías conspirativas impiden pensar, son peligrosas y en estos momentos se han vuelto una amenaza para conseguir sociedades inclusivas. Desde el punto de vista lógica no resisten ningún análisis como estrategia de pensamiento. Son anti-pensamiento puro, su negación directa.

Sin embargo, por alguna razón nos encontramos todos teniendo que tratar frecuentemente con teorías de tipo conspirativocatastrofista. Estas últimas, sobre todo en el campo de la comunicación con motivo de internet y las redes sociales. Por este motivo, he elaborado algo parecido a un argumentario (muy personal) sobre este tipo de teorías o modos de razonamiento.

De modo que, en lo que sigue, voy a intentar presentar el grupo de problemas o argumentos (en realidad, meta-argumentos) por los cuales (algunos) entendemos que esta clase de teorías son a-científicas y por tanto inútiles para intentar hacer ciencia o son inútiles para la clase de razonamientos sólidos y contrastables que se consideran propios del pensamiento productivo. Lo digo porque cuando entra una teoría conspirativa en un razonamiento, el razonamiento se acaba.

Para entrar en materia: me ha parecido observar que el sustrato de las las teorías conspirativas más potentes y con mayor poder destructivo suelen basarse en algunos supuestos como éstos:

  • Todos los poderes, sean del tipo que sean (económicos, políticos, sociales, culturales, etc.), legítimos o ilegítimos, desde el que nace en el hogar familiar hasta los centros penitenciarios, pasando por cosas tan dispares como escuelas, hospitales o museos, son intrínsecamente perversos. Nunca, según el sustrato conspirativo, podemos suponer un poder, sea la escuela o una agencia de gobierno, que no sea intrínsecamente malvado. La escuela quiere dominar nuestra mente y deformarla, y el estado por supuesto es siempre una fuente de engaño, si pone en marcha en sistema de vacunación es porque quieren inyectarnos el 5G, nunca, de ningún modo, para erradicar una epidemia.
  • El poder es una entidad unitaria y sin fisuras, además es omnisciente y omnipotente de un modo que desafía las leyes no ya de la sociología o la economía, sino las de la física.
  • Corolario: todo cambio es siempre, pero siempre, siempre, para peor; salvo a veces, que es para mucho peor.

Problemas lógicos con las teorías conspirativas

¿Cuáles son los problemas lógicos de las teorías conspirativas si queremos argumentar contra ellas diciendo algo más que el hecho de que son (para algunos) muy cansinas? En mi opinión, presentan los siguientes tipos de problemas:

  • Epistemológicos:  El problema con las teorías que no se pueden falsar (como en «Dios existe» o su contraria, «Dios no existe») es que no pueden formar parte del discurso científico o de la clase de escrutinio que se espera de los ámbitos de debate académicos. Este es un problema inmenso en el campo de la ciencia. Una teoría con la que es imposible imaginar siquiera un experimento o una toma de datos que eventualmente pudiera falsarla no sirve para nada. Y no tiene nada que ver con el hecho de tener fe o no (lo digo por el ejemplo utilizado).
  • Explicativos: la creencia en teorías conspirativa es incapaz de dar cuenta de los cambios para mejor ocurridos en el pasado. Como las teorías conspirativas dan por supuesto un mundo gobernado por fuerzas tan poderosas, tan inmutables y tan insuperables, no se explica como es que las sociedades, de hecho cambien, y en algunas zonas del mundo, lo cierto es que han cambiado para mejor sin parar desde hace siglos. De acuerdo con las teorías conspirativas es inexplicable que la humanidad haya superado, por decir algo, la Edad Media.
    En lugar de esto, es decir, en lugar de poder explicar el cambio, en cada momento, los conspiranoicos tienen siempre un estupendo argumentario sobre las razones por las cuales cualquier futura tendencia o cambio, en realidad será para peor. Si al menos una parte de la humanidad vive bajo formas de gobierno razonablemente democráticas (por comparación con la Edad Media, por ejemplo) y una inmensa cantidad de seres humanos han salido de la pobreza extrema en las últimas décadas, para las teorías conspirativas tal cosa simplemente es inexplicable.
    No pueden explicar algo como la aparición de los derechos humanos en un momento dado, o que el número de personas que padecen hambre en el mundo se haya reducido enormemente en los últimos años, o que zonas enteras del planeta (como buena parte de Asia) haya abandonado la pobreza extrema. O que la esperanza de vida haya aumentado de forma espectacular en muchas zonas del mundo, o que haya aumentado la escolarización, etc. Todo esto es un misterio tan grande que prefieren ignorar el hecho y creer que nada ha cambiado en el mundo en realidad, no desde la Edad Media, sino desde la Edad de Piedra.
  • Metodológicos: por la misma razón, no sirven para predecir el futuro; función que se supone que es la razón de toda teoría con un mínimo de potencia (si con determinada teoría puedo predecir que a cero grado el agua se congelará, a partir de ahí, seré capaz de prever muchas otras cosas). Como según las teorías conspirativas todo es cada vez peor, solo hay una predicción posible: el mundo en el futuro será horrible. Punto.
  • Ontológicos: como describen o tienen como fondo un marco de poderes absolutos sin contradicciones, sencillamente dan por supuesta una realidad que no existe. Como sabe bien cualquier estudiante medianamente atento de primero de periodismo (o de sociología, o de economía, o de políticas, o de humanidades, etc.) la realidad social está llena de contradicciones. Los grupos de poder luchan entre ellos (aunque también cooperan). Las empresas tienen ambiciones de control del mercado, pero compiten entre ellas. Aunque sean empresas capitalistas, si esto les permite ganar cuota de mercado venderán libros anti capitalistas.
    Las teorías conspirativas podían explicar muy bien por qué el gobierno de Estados Unidos estaba involucrado en la guerra de Vietnam, y por qué algunos medios la secundaban, pero no puede explicar porqué la opinión pública, alimentada por los medios de comunicación, fue capaz de pararla. O porqué fue un medio de comunicación muy bien situado el que destapó el watergate, o más recientemente, porqué el mismo medio fue el más eficaz a la hora de denunciar los abusos de los curas pederastas en Estados Unidos.
  • Pragmáticos: como son teorías tan absolutas, tan redondas sobre lo compactos, poderosos y malvados que son los poderes que mueven el mundo, lejos de ser un aliciente para el cambio, son en realidad teorías desmovilizadoras. El mensaje único que hay detrás de estas teorías es siempre el mismo: no vale la pena hacer nada. ¿Para que? Hagas lo que hagas vamos a peor, y mandan los de siempre. Como ya hemos argumentado, incluso delante de innovaciones que han aportado evidentes ventajas a la humanidad el discurso es igualmente desmovilizador y tristón: Internet nos hace estúpidos, la vacunas las promueven las multinacionales, las redes sociales nos aíslan, etc. (¿volvemos a los papiros, o mejor, a las sociedades ágrafas, bailamos a la luz de la luna en lugar de vacunarnos?).
Estados Unidos (pero no únicamente) es un caso ilustrativo de peligrosas teorías conspirativas. Las teorías conspirativas denunciaron existencia de unos comités de la muerte a partir del intento de reforma sanitaria de Obama en su momento y lograron frenarla y dejarla en mucho menos de lo que hubiera sido. Con lo cual, los norteamericanos tienen el peor y más caro sistema sanitario del mundo entre las sociedades avanzadas. Más recientemente, las teorías de QAnon que afirma que la élite internacional que nos gobierna está metida en una trama de secuestro y asesinato de niños se unieron a las teorías del fraude electoral que produjeron un intento de un golpe de estado. Poca broma.

Razones

Las teorías conspirativas seguirán campando a sus anchas. Primero porque son muy redondas y muy compactas, y esto siempre beneficia a una teoría (o a un meme, si lo miramos así).

Segundo porque al parecer proporcionan beneficios a sus portadores. Las teorías conspirativas y no digamos las catastrofistas venden mucho. Un experto en estadística y periodista a la vez, Nate Silver, explica en su libro La señal y el ruido, que ha comprobado que los expertos que siempre anuncian predicciones tremendas son los que suelen ser más veces requeridos por los medios de comunicación, aunque nunca aciertan. En cambio, las teorías tranquilas y sensatas, aunque sean mucho más certeras, predigan mejor el futuro y expliquen mejor el pasado, carecen de éxito.

Tercero, porque parece haber un gen conspirativo. Parece que una parte de la humanidad, «necesita» creer en conspiraciones. Esto debe ser porque en algún momento evolutivo los portadores de este gen han proporcionado algún beneficio a la humanidad.

Sin duda, personas con el gen conspirativo han ayudado a sus grupos o a sus colectivos a estar alertas de algún peligro que otro no veían. Lo cierto es algunas personas de tendencia conspirativa son realmente brillantes, honestas y sin duda pretenden ayudar la sociedad.

Cuarto. Porque irse al lado contrario tampoco ayuda mucho que digamos. Pasar de ser conspirativo a creer que vivimos en el mejor de los mundos posibles podría ser igual de catastrófico.

Entonces,  ¿porqué no aceptamos las teorías conspirativas como un mal menor teniendo en cuenta estos posibles beneficios? Hay varias respuestas, la principal es que tienen un potencial destructivo enorme.

Pueden llevarnos a luchar contra aspectos positivos al verlos como negativos. Muchos ciudadanos de Estados Unidos creen que la sanidad (más o menos) universal de la que gozan las naciones avanzadas del mundo es una conspiración comunista que incluye a un grupo siniestro de políticos que deciden sobre la vida y la muerte de los ciudadanos («comités de la muerte» les llaman). Se ha demostrado además con cosas tan variadas como el Brexit que se apoyó en toneladas de teorías conspirativas sobre la UE, o el movimiento anti vacunas, que de haberse impuesto, hubiera supuesto la muerte de muchos (más) millones de personas.

En casos extremos, como en la Alemania de los años 30 (y ya sé que es un caso muy, muy, pero muy extremo) teorías conspirativas sirvieron de apoyo al triunfo del nazismo. Y otra, porque, por favor, son realmente cansinas.

«La vida es un cuento contado por un idiota, lleno de ruido y de furia, que no tiene ningún sentido»
(Macbeth, 5.º acto, escena V)

Alternativas

Lo que importa es: ¿hay alguna alternativa general a las teorías conspirativas? Por supuesto. Se llama pensamiento crítico. Consiste en revisar la coherencia de las ideas que estamos dispuestos a aceptar antes de aceptarlas. Cultivar el pensamiento crítico nos debería impedir creer que la vacunación anti covid era un montaje de los gobiernos para inyectarnos el 5G. Y sí, también no debe servir para vigilar al poder y denunciar y luchar contra sus abusos. Lo que ocurre es que esto no es una alternativa tan compacta como las teorías conspirativas y por tanto no es tan fácil de poner en marcha.

La alternativa es tener una mente abierta, cultivada y racional, o si quieren, la alternativa es el pensamiento crítico, como ya he señalado. Atender a lo que nos dice la historia que por cierto, no documenta ningún caso de teoría conspirativa del tipo «la Tierra es plana pero la NASA está en una gran conspiración para hacernos creer que es redonda»,  sino el mundo contradictorio y con lucha constante de intereses contrapuestos que es en realidad la sociedad humana (la historia llena de ruido y de furia contada por un idiota que decía Shakespeare).

Por último, creo que hay que desconfiar de teorías según las cuales todo es, simplemente, cada vez peor: cuando salió la imprenta, se anunciaron enormes catástrofes culturales, lo mismo con (sucesivamente), la radio, el cine, la televisión e Internet; y  lo mismo ahora que parece que nos viene la Inteligencia Artificial.

Sobran voces que, a cada nuevo medio o canal de comunicación les falta tiempo para avisarnos de que con ellos se hundirá a la humanidad. El simple historial de fracasos de estos apocalípticos que vienen anunciando desgracias desde la invención de la escritura debería poner algo de prudencia.

El papel del buen periodismo

Una forma sencilla de evitar las peores teorías conspirativas es utilizar los medios de comunicación de referencia como fuente principal de información, en lugar de hacer caso de cuentas desconocidas en redes sociales.

Los medios de comunicación de referencia pueden cometer errores y pueden caer en sesgos, pero nunca dirán que la Tierra es plana, o que con las vacunas del covid nos inyectan el 5G y teorías absurdas similares.

El mejor papel de la prensa, entendida siempre como prensa de calidad, elaborada por periodistas profesionales que conocen su oficio y usan la verificación como instrumento central de trabajo, es ayudar a la sociedad a construir un consenso básico sobre la realidad. Cada medio la puede interpretar de modo diferente. Si el partido se saldó con un 5-0 algunos medios destacarán que el equipo que encajó los 5 goles ha sido más regular en la liga, o el árbitro estuvo mal, pero ningún medio de referencia negará que el resultado fue de 5 a 0.

Los medios de comunicación de referencia separaran la información de la opinión, y aunque cada medio tenga una política editorial diferente (progresista o conservadora) no divulgarán nunca teorías conspirativas. Un medio nos podrá gustar más o menos, según se alinee o no con nuestros valores y tendencias ideológicas, pero los periodistas que trabajan en él, nunca se dedicarán a hacernos creer que la Tierra es plana, o que los pájaros no existen ni se inventarán fraudes electorales donde no lo hubo.

O sea, que la alternativa es ni más ni menos que la racionalidad combinada con el uso de fuentes de calidad periodística razonable. Contrastar teorías con el resto de nuestros conocimiento, contrastarlas con datos y verificar si son coherentes con las evidencias de las que ya disponemos y con el resto de cosas que sabemos con razonable certeza sobre el mundo. Con esto ya sé que no doy ninguna solución fácil, pero tampoco lo pretendo. Sería muy mala señal.