Ideas sencillas sobre el plagio: citación, delimitación y atribución en trabajos académicos

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plagio
Frecuencia y gravedad del plagio en entornos académicos según el informe (ver referencia al final) de la empresa Turnitin, productora de software antiplagio para universidades

Edición Abril 2019

«Plagiarism occurs when an information source is not properly credited» (Harris, 2017)

Hemos encabezado esta entrada con la definición más simple que hemos podido encontrar de plagio en el ámbito académico. Corresponde a la obra de Robert A. Harris de la que se han publicado diversas ediciones desde su aparición original en 2002 y siempre de la mano de una de las principales editoriales académicas, Routledge, lo que nos indica que es una buena fuente de autoridad.

Por su parte, en el gráfico que encabeza esta entrada podemos ver que, tanto por frecuencia (Frequency Scores) como por gravedad (Problematic Scores), los principales casos de plagio son los que se identifican respectivamente como «clone» y «control-c«. Es decir, apenas dos variedades de lo que a solemos llamar «copiar y pegar».  

Lo más absurdo de todo es que basta con delimitar el contenido prestado y atribuir la verdadera autoría para que desaparezca el plagio. Otra cosa es que la proporción de materiales ajenos, aunque estén bien atribuidos, que pueden formar parte de un trabajo original tiene límites

Otra características del plagio basado en copiar y pegar es que es casi imposible (dejo el casi por prudencia) que sea una acción inadvertida. Ciertamente, no se puede descartar por principio (un error lo podemos cometer todos) pero no es fácil ver de qué modo se puede  seleccionar un texto y pegarlo en el cuerpo de otro, y que esto lo hagamos de forma reiterada y a la vez inadvertida. En todo caso es una mala praxis, tanto si se hace de forma consciente como si no, de hecho es lo de menos en realidad.

También un tipo de plagio que roza el absurdo porque puede arruinar un trabajo académico aunque el fragmento copiado represente proporcionalmente una pequeña fracción de un trabajo mayor, y puede amargar la vida a su autor, aunque en todo lo demás haya hecho un trabajo excelente, si se enfrenta a la necesidad de responder por esta clase de acciones.

Por otro lado, cabe destacar que utilizar fragmentos de obras ajenas sin atribuir va contra la línea de flotación de la ciencia como actividad social,  porque niega lo mínimo que podemos dar al legítimo autor de unos textos o de unas ideas que nos han sido útiles, a saber: nuestro reconocimiento formal y explícito en forma de citación.

Los académicos saben perfectamente que a un autor le puede ser reconocida una labor investigadora si puede demostrar que su trabajo ha merecido citas. Si en lugar de eso, ha obtenido apropiaciones sin mención, ese autor puede haber perdido una oportunidad que le hubiera hecho obtener una acreditación o un reconocimiento de otro tipo. Sé que puede parecer exagerado, pero así son las cosas en el mundo académico actual.

Por eso, cada vez que alguien copia y pega fragmentos de texto de un trabajo ajeno, ya sean muchas o pocas, y lo hace pasar por propias, no solamente está llevando a cabo una mala praxis sino que está perjudicando a todo el entramado social de progreso científico basado en el análisis de citaciones. Por este motivo, esta es una idea que repetiremos: por mucho que se debe reconocer que hay grados de gravedad en el plagio, ninguno de esos grados es aceptable.

Ideas erróneas sobre plagio académico

A veces, el autor encontrado en falta en lugar de aceptar el error (tampoco es tan difícil decir «me equivoqué») o guardar silencio (siempre es una opción), reacciona con teorías sobre qué es y qué no es plagio. 

Algunos autores a los que se ha acusado de plagio ha dicho literalmente que lo suyo no era plagio  basándose en la proporción («solamente afecta a unas pocas páginas»), cosa que no tiene nada que ver para que algo sea plagio.

Otros, han explicado teorías sobre la intertextualidad para justificar haber tomado, sin distinción ni atribución, multitud de fragmentos de obras ajenas. Otros alegan haber cumplido la normativa académica porque han incluido en la bibliografía las referencias de las obras plagiadas, pero sin atribuir los fragmentos en el cuerpo del trabajo, etc. Otros, aún sostienen que si el plagio no afecta a los resultados, «solamente» al estado de la cuestión (p.e.) entonces no es plagio.

Ante tal despliegue, debemos presentar algunas ideas muy sencillas que creo que corresponden a las buenas prácticas más aceptadas en el mundo académico. Para presentarlas vamos a articularlas en una premisa y en tres condiciones:

La premisa básica

«Cuando usted hace uso de palabras, ideas o cualquier información que no proceda de su propio conocimiento y experiencia, debe citar la fuente. No atribuir tal material intelectual prestado es plagio» (Harris, 2017)

(When you make use of words, ideas, or any information from a source other than your own knowledge and experience, you must give credit to the source in a citation. Not giving credit to such borrowed intellectual material is plagiarism (Harris, 2017))

Un white paper sobre el tema publicado por una de las empresas más destacadas en la lucha contra el plagio propone una especie de test en forma de pregunta para decidir sobre el plagio que por su sencillez, reproduzco aquí (Turnitin, 2015) :

«Un acto de plagio es fácil de reconocer con base en criterios simples:

  • ¿La obra es de creación propia y está escrita con las propias palabras del autor?
  • ¿Proporciona el texto el crédito apropiado sobre el trabajo anterior?»

Si la respuesta a las preguntas anteriores es no y no, entonces es plagio. 

«An act of plagiarism would seem to be easy to recognize based on simple criteria: Is the work the author’s own creation and written in the author’s own words? If not, does the writing provide appropriate credit to previous work?» (Turnitin, 2015).

Grado y consecuencias del plagio

Creo que es importante entender que en estos casos, no estamos solamente en el terreno estricto de la propiedad intelectual, sino de la honestidad intelectual y las buenas prácticas académicas.

Entonces, una consideración importante sobre las dos definiciones manejadas, es  que la consideración cualitativa de plagio en el mundo académico no tiene nada que ver con la extensión de lo plagiado: ni en relación a la extensión total de la obra que contiene el plagio, ni en relación a la extensión de la obra de la que procede el plagio. Por tanto, el grado del plagio no tienen nada que ver para que algo se considere plagio. Sí que tiene que ver, naturalmente, con las posibles consecuencias para la evaluación académica de la obra plagiadora.

Por poner dos extremos, no es de la misma gravedad copiar un párrafo que páginas completas. En el primer caso, probablemente una observación crítica al autor, más el requerimiento a su subsanación, es suficiente. En el segundo caso, dependiendo de la extensión y de los apartados afectados, puede dar lugar a un descenso de la calificación  o incluso la descalificación del trabajo, sin descartar otras medidas en casos extremos, tales como expediente disciplinario.

De modo, que esta es la premisa básica que volveremos a repetir ahora de forma aún más sintética:

Si la idea, el concepto, las palabras, el discurso o los materiales no son nuestros, entonces hay que atribuirlos, de lo contrario, es plagio

Cómo evitar el plagio

En algunos casos, el plagio se produce aunque haya atribución, si esta se produce de forma incorrecta o parcial. Por ejemplo, en algunos casos, se añaden las obras plagiadas a la bibliografía, pero en cambio no se identifican ni se atribuyen las ideas o materiales que se han tomado prestadas de tales obras en el cuerpo del trabajo del que realiza el plagio.

Otros autores toman varios párrafos completos de otra obra ajena, incluso páginas completas, abren las comillas, para marcar una cita literal,  pero nunca las cierran. El lector no sabe entonces dónde acaba la cita literal, de modo que puede creer que después del primer párrafo, las ideas son del autor que ha tomado prestado el fragmento, cuando no lo son.

De aquí se desprende que, para realizar una atribución de trabajos ajenos necesitamos tres cosas: citar, atribuir y delimitar. En realidad, los autores más experimentados lo hacen de forma tan automática que les sorprenderá que sea necesaria tanta explicación. Vamos a verlas con cierto detalle.

Citar o referenciar

El acto de añadir en la bibliografía final o en el pie de página todas y cada una de las referencias utilizadas en la elaboración de un trabajo es absolutamente necesario, pero solamente es la primera de las tres condiciones que se exigen para poder reutilizar palabras literales o ideas de terceros en un trabajo. La citación se produce cuando añadimos la referencia de la fuente original, ya sea en el pie de página y/o en la bibliografía final.

Delimitar

La segunda condición consiste en delimitar mediante alguna convención exenta de ambigüedad la extensión de la idea o de la parte literal citada. Y esto se suele hacer o bien entrecomillando la totalidad del texto ajeno, desde que empieza hasta que acaba, cuando la cita literal ocupa solamente una o dos líneas, o bien destacándolo en un párrafo aparte con una tipografía diferenciada (se suele utilizar un sangrado diferente y/o una familia o un cuerpo menor) para conseguir que quede claro, igualmente donde empieza y dónde acaba.

Atribuir

Aunque ya hemos dicho que citar es imprescindible y que necesitamos delimitar sin ambigüedad la extensión del fragmento que hemos tomado prestado, la verdadera clave está en la atribución, cosa que consiste, literalmente, en atribuir sin ambigüedad la autoría a quien corresponda.  La atribución se produce cuando vinculamos la fuente (generalmente, uno o varios autores) con el fragmento citado y delimitado. En el sistema más utilizado actualmente se hace de la forma que hemos usado aquí para atribuir las citas correspondientes a Harris y a Turnitin.

En resumen, para usar de forma legítima  ideas y/o textos literales ajenos, la única fórmula posible es:

citación + delimitación + atribución

Un par de aspectos adicionales que mencionaré por si acaso.

Primero:  todo se puede citar y atribuir. No hace falta que esté publicado. Si he tenido la suerte de enterarme de una buena idea en una conferencia, también puedo atribuir esa idea citando al conferenciante y atribuyendo la paternidad de la idea a quien corresponde (en lugar de dejar al lector que crea que es mía).

Segundo: atribuir las ideas a quien corresponde no resta mérito a nuestro trabajo. Lo contrario sería más cierto. Pretender que nuestro trabajo no es deudor de nadie que haya hecho aportaciones anteriores es un signo de fraude científico De hecho, citar es mucho más un aliado que un enemigo de los autores. Citando y atribuyendo reforzamos nuestra posición y nos legitima, precisamente, para poder dar un paso más adelante. Precisamente, una de las razones principales de rechazo de trabajos por parte de los editores es que no se mencionen antecedentes.

Consideraciones finales

Siempre puede haber dudas sobre si conviene atribuir una idea cuando es muy, pero que muy reconocida. ¿Debemos, cada vez que hablemos del ADN, citar el famoso artículo fundacional de James Watson y Francis Cricks?

La cuestión es que, mientras que en algunos casos la atribución de las ideas puede padecer de este (pseudo) problema, el acto de copiar y pegar fragmentos o páginas completas sin atribución es evidente que carece totalmente de esta ambigüedad. 

Ya hemos dicho que no es lo mismo copiar unos pocos párrafos que unas cuantas páginas, y no es lo mismo en el contexto de, por ejemplo, unas ideas introductorias generales que en los resultados de la investigación. Por tanto, es cierto que, de ninguna manera es lo mismo un plagio que otro, y  un autor que ha cometido un plagio, no pierde todos sus derechos. Que sea de suficiente gravedad para que un artículo sea retractado (o no)  o para que una tesis doctoral se ponga en duda, es algo que debe considerarse con el cuidado que merece en cada caso, porque otra norma elemental de justicia nos dice que la gravedad de la  sanción debe estar siempre relacionada con la gravedad de la falta. 

La legislación, al menos la española, sobre propiedad intelectual parece que no es de mucha ayuda para el ámbito académico. No tengo formación jurídica, y lo poco que entiendo me hace creer que la legislación sobre el plagio está más o menos limitada a ámbitos artísticos o industriales y en los que, lo que anda en juego no son temas de buena praxis académica, sino de dinero en juego con cosas como patentes, canciones o guiones de cine.

Pero lo anterior no impide entender que es algo que en la academia tenemos la imperiosa obligación de evitar en cualquiera de sus grados.  Dicho de otro modo, ninguna institución académica puede eludir su compromiso contra el plagio. ¿Imaginan lo contrario? ¿Pueden imaginar una norma que dijera, por ejemplo: «en nuestra Universidad copiar un poco está permitido». No, ¿verdad? Pues no importa si son solamente 10 páginas de un trabajo de 400. Es plagio. Aquí y en Pernanbuco.

Referencias

  • Harris, R. A. Using Sources Effectively: Strengthening Your Writing and Avoiding Plagiarism. New York. Routledge, 2017
  • Turnitin. The plagiarism spectrum. 2015. Acceso: Plagiarism White Paper