Los medios digitales y el futuro de la memoria: ¿un objetivo imposible?

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1. El problema de la información digital

El Grupo de Investigación en Periodismo, en colaboración con el Grupo DigiDoc, ambos del Departamento de Comunicación de la UPF, y el Archivo Histórico de la Ciudad de Barcelona, ha organizado recientemente una Jornada-Coloquio con el título:

Los medios digitales y el futuro de la memoria

La idea central era presentar experiencias y sobre todo debatir sobre la cuestión de la preservación, con perspectiva histórica, de los actuales medios digitales (o cibermedios). El interrogante del subtítulo de esta entrada se debe a que todavía sigue pareciendo una contradicción hablar de digital y de memoria, en el sentido de preservación, en la misma frase.

El origen del problema, como es sabido, es lo que podemos llamar la “dificultad ontológica” de preservación de la información digital. La paradoja se ha expresado muchas veces: podemos leer la Piedra de Rosetta, de más de dos mil años de antigüedad, pero no podemos leer el contenido de un disquette de ordenador de los años 90; entre otras cosas debido a que ya no se fabrican ordenadores con ranuras para leer esos disquettes, cosa que puede suceder pronto con los discos tipo CD o DVD

En estos últimos casos podemos tener hasta tres problemas concurrentes: (1) la inexistencia de aparatos de lectura, (2) la desaparición del sistema operativo con el que fueron formateados y (3) la desaparición del software con el que fueron creados los documentos. Solamente uno de ellos es suficiente para no poder acceder a los contenidos, pero con frecuencia tenemos los tres problemas a la vez.

2. El caso de los cibermedios

En el caso de los medios digitales la pregunta que podemos hacernos es la siguiente: dentro de 10 o de 20 años, ¿podremos recuperar las portadas o las noticias de los diarios digitales que nos informan estos días de nuestra realidad? Por ejemplo, dentro de unos años, un periodista de investigación, ¿podrá recuperar las portadas de la web y los interactivos de tipo multimedia que están publicando ahora nuestros cibermedios sobre las consecuencias históricas de la recientes elecciones locales y autonómicas?

La desoladora conclusión, para no retrasarlo más, es que no tenemos ninguna garantía de ello. Ninguno de los medios representados en el Coloquio fue capaz de asegurar que tal cosa sea posible; y lo peor es que no se trata, seguramente, de un problema de esos medios, sino de un problema completamente generalizado.

La situación es la siguiente: los cibermedios actuales (y eso es así desde finales de los noventa) consisten en páginas web. Una sola página web típica de un cibermedio es, en realidad, un documento múltiple, distribuido y generado por, al menos, los siguientes componentes:

  • Un archivo HTML para estructurar el contenido de la página: qué cosa es un titular, qué un párrafo, etc.
  • Uno o más archivos CSS que se ocupan de la presentación del contenido en la pantalla: tipografía, colores, etc.
  • Uno o más archivos con código ejecutable, tipo javascript, que se ocupan del comportamiento de la página: menús que se despliegan, opciones de búsqueda, etc.
  • Un conjunto de ficheros individuales de todo tipo con los contenidos de la página: desde archivos de texto y de sonido hasta fotografías, pasando por los vídeos e infografías que constituyen el contenido periodístico en sí.

Si todos esos archivos (que pueden ser centenares para una sola página) no se encuentran en un contexto adecuado, es imposible su adecuada reproducción, sin contar con que el navegador debe tener compatibilidad descendente con las distintas formas de código fuente mencionadas.

Además, en los últimos años los mejores cibermedios han incorporado contenidos interactivos, bien en forma de infografías que el lector puede manipular mediante diversos sistemas de manejo o bien en forma de producciones multimedia ejecutables que incorporan texto, fotografía y video; también con diversas opciones de interacción.

No nos faltan, ni mucho menos, excelentes ejemplos de interactivos entre los principales medios de nuestro país; pero si el lector quiere hacerse una idea a nivel internacional, puede pasearse por la página de los premios ONA (Online News Association) del 2014 y tendrá una buena muestra de hasta dónde están llegando los mejores cibermedios en este terreno.

La cuestión es que, ante esta situación, y a diferencia de la información impresa, en un cibermedio tenemos al menos tres dimensiones diferentes y cada una de ellas representa un problema diferente desde el punto de vista de la preservación:

  1. Las piezas individuales: el texto de las noticias individuales, más las fotografías o vídeos de actualidad que suelen acompañar a las mismas.
  2. La página web como un todo: es decir, tal como la presenta el navegador web y para lo cual requiere todos los componentes que hemos visto antes.
  3. Las producciones interactivas: infografías, producciones multimedia o audiovisuales en forma de interactivos ejecutables.

Mientras que el punto no es un (gran) problema, no existen garantías para los puntos 2 y 3. Es decir, seguramente en el futuro podremos acceder a las piezas individuales que se publican hoy, pero no hay ninguna garantías para la página web como un todo y aún menos para las producciones interactivas.

En el caso de las páginas web como un todo, es ciertamente difícil garantizar tanto su archivo como su reproducción integral debido a su composición y a su, con frecuencia, intrincada estructura de enlaces. En el caso de los interactivos volvemos a la necesidad de un entorno de ejecución compatible, lo que implica un sistema operativo y un software de reproducción concretos, que muy bien pueden haber dejado de existir en el futuro dada la evoluación continuada de las tecnologías de la información.

El problema de los puntos 2 y 3 puede parecer menor, pero piense el lector si ahora le dijeran que ya no es posible ver cómo eran las portadas y las páginas de los diarios y revistas del siglo XX (o del XIX, etc.). Seguramente nos parecería una catástrofe cultural. Pues esto es a lo que, al parecer, estamos abocados. Con la desaparición de las producciones interactivas no existe comparación posible, lo que no disminuye la tragedia.

3. Requerimientos

Es difícil aceptar que no haya solución. No debería ser suficiente saber que lo que aquí hemos llamado las piezas individuales seguramente se salvarán (tampoco está asegurado). Debemos seguir pensando y presionando para que haya soluciones que contemplen la preservación de lo que llamamos el contexto de presentación, por un lado, y la capacidad de ejecución de los interactivos por otro.

¿Qué condiciones harían posible tal cosa? Posiblemente:

  • En primer lugar, alguna clase de modelo de negocio o de soporte, mecenazgo, patrocinio, etc., que hiciera sostenible el esfuerzo necesario.
  • Después, un plan estratégico que seguramente debería contemplar protocolos sobre qué hay que preservar (seguramente no habría que preservarlo todo, p.e. todas las portadas que algunos cibermedios publican el día que hay grandes noticias, como en una jornada electoral; y sin duda otras formas de selección podrían pensarse)
  • Decisiones sobre cómo y con qué clase de formatos y de metadatos habría que llevar a cabo la preservación para garantizar no solamente su conservación, sino también su reproducción.
  • Y por último, el tema decisivo de los actores: ¿quién debería llevarla a cabo? Seguramente, no existe forma legal de obligar a los medios privados, y menos en un contexto donde muchos luchan por sobrevivir; pero nos podemos preguntar si no debería ser una obligación de aquellos medios de titularidad pública o semi pública.

4. Posibles modelos

Mientras tanto, tenemos algunos casos que podemos invocar como ejemplos de posibles vías a seguir: uno es el servicio denominado WayBackMachine de Internet Archive (del que ya hemos hablado en otras ocasiones). Esta fundación, soportada mediante mecenazgo y donaciones populares, se dedica a archivar porciones de la web de modo que, por ejemplo, podemos ver gracias a la misma cómo eran las páginas de cibermedios de todo el mundo desde los años noventa hasta ahora (por ejemplo, aquí podemos ver una página de TV3 en una edición del 2009).

Otra vía, comercial en este caso, es la que representan las llamadas hemerotecas de hemerotecas, como es el caso de la empresa española MyNews, que actúa de hemeroteca digital de centenares de medios de comunicación impresos y de otros cuantos centenares online de nuestro país; y que permite el acceso a contenidos publicados por los medios desde mediados de los años 90 hasta ahora (en el pasado le dedicamos una reseña en otro artículo de esta web).

En este caso, se trata de un modelo de negocio basado en los acuerdos con los medios que ceden sus archivos. MyNews se ocupa de su preservación y obtiene sus ingresos de la comercialización de esos archivos tanto en el mundo de los negocios como de los propios medios. Una presentación del director general de MyNews, Antonio Viedma, que fue panelista del Coloquio, ayudará a entender mejor este último caso.

A escala internacional, tenemos otros modelos, como NexisLexis o Factiva.  En el caso audiovisual, podemos citar el caso de la BBC Motion Gallery (ahora, parte de Getty Images) o de Corbis Motion.

Los modelos presentados sin duda son una muy buena muestra de por dónde podrían ir las soluciones, pero en sí mismos aún no son toda la solución. En el caso de Internet Archive, solamente toma “porciones” de cada sitio y no garantiza que sean todas las necesarias ni las más representativas; en todo caso escapa a cualquier control o planificación que los responsables de medios desearan hacer. En los otros casos, trabajan principalmente a nivel de piezas individuales (texto, fotografía o vídeo) y en todo caso no están obligados a políticas de preservación a largo plazo. Constituyen memorias digitales de primer orden, muy útiles para muchos negocios, para la actividad periodística y sin duda para investigaciones académicas, pero son empresas comerciales, no sabemos qué podría pasar con sus repositorios si un día cesan en sus actividades o si en algún momeno deciden que no les resulta rentable distribuir contenidos de, por ejemplo, más de 20 años (o 50, o los que sean).

5. ¿Conclusiones?

Casos como los mencionados representan un ejemplo de modelos de negocio sostenibles para el caso de las hemerotecas de medios de comunicación (online o impresos) y de vídeos de noticias; pero no entran en el sector de los interactivos ni de las páginas web como un todo, ni tampoco están obligadas a políticas de preservación a largo plazo.

Ante esto, nuestras preguntas podrían ser:

  • ¿Tiene sentido pensar en la composición de una página de portada de un cibermedio como en su equivalente de los medios impresos y por lo tanto en la necesidad de su preservación, aunque sea imaginando protocolos que seleccionen qué cosas preservar y qué cosas no?
  • ¿Tiene sentido pensar en la preservación de productos interactivos completos y complejos que necesitan un entorno de ejecución y que integran componentes multimedia de todo tipo: imagen animada, vídeo, texto, voz?
  • Si la respuesta a las anteriores preguntas fuera sí: ¿podemos imaginar siquiera iniciativas como las que hemos mencionado (WayBackMachine, MyNews, BBC, etc.) basadas en diferentes modelos de sostenibilidad, que aseguren la preservación de las tres dimensiones de la información digital que hemos señalado?
  • ¿Cabría pensar más bien en políticas públicas en el ámbito de las humanidades digitales sin dejar de pensar en algún modelo de sostenibilidad como suelen requerir los proyectos financiados por la Unión Europea?
  • ¿O debemos resignarnos a la muerte anunciada de toda la riqueza, en muchas ocasiones de enorme creatividad y de aún mayor valor para los investigadores del futuro, que representa la información digital e interactiva y aceptar que se pierda sin que nadie mueva un solo dedo?

En fin, unas conclusiones extrañas porque concluyen más bien poco: más preguntas que otra cosa.

Anexo