Porqué Tienen Mala Fama las Humanidades y cómo Sortearla en un Trabajo Académico

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Europeana. Un proyecto de cooperación europeo que muestra una parte de lo mejor de las Humanidades y solamente es una parte de una parte de una parte… de la inmensa riqueza que aportan las Humanidades a la sociedad

Empezaré declarando mi admiración y absoluto reconocimiento a las Humanidades y a las Ciencias Sociales para evitar fáciles malentendidos (de los que solamente yo tendría la culpa). Quiero recordar aquí la famosa afirmación de Socrátes de que una vida sin examen no merece la pena ser vivida. Y este examen nos viene de las Humanidades y las Ciencias Sociales; lo siento por mis admirables colegas de Ciencias, pero ni de éstas ni de las Tecnologías lo podríamos esperar.

Estas últimas han hecho que nuestras vidas sean más saludables y menos penosas, y nuestra gratitud no debería tener límites. Además, siempre tendremos una deuda con la ciencia por habernos liberado de las supersticiones y esto ciertamente, ha ayudado a construir sociedades mucho más libres, pero no esperemos de ellas la clase de argumentos que han hecho posible cosas como los derechos humanos; ni serán tampoco las que nos pongan ante espejos como el arte y nos ayuden a ser mejores, primero con los demás, y después, porqué no, con nosotros mismos.

Las Humanidades arrastran la mala fama de laxitud en su exigencia metodológica, algo que es injusto y evitable a la vez

Pero, a veces los trabajos académicos en este sector adolecen de unos rasgos que pueden minar su credibilidad y poner en riesgo la obtención del título por el cual el autor ha luchado tanto. Posiblemente, estoy siendo exagerado y tales rasgos están lejos de ser generalizados en la investigación actual en Humanidades, en general de una gran calidad, como se puede comprobar acudiendo a los repositorios de las mejores universidades y revisando sus tesis y trabajos de final de máster.

Aún así, por su amenazador potencial, en lo que sigue, voy a intentar presentar algunas de las tendencias que pueden poner en riesgo el  éxito del trabajo; en especial si va a ser juzgado por un tribunal que crea que las metodologías rigurosas también son exigibles en las Humanidades. Y esta es una tendencia que no solamente está en auge, sino que algunos creemos que es bastante saludable. Si jugamos a dar nombre a estas potenciales amenazas, en mi opinión, podrían ser los siguientes:

  • El ensayismo
  • El adanismo
  • El fetichismo del lenguaje
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El Pensador. Rodin. Fuente: Europeana

Pensar o estudiar no es igual que investigar

Posiblemente, los tres anteriores problemas son solamente variaciones de lo mismo, a saber, la incapacidad que a veces observamos (no solo) en las Humanidades para diferenciar las actividades de estudio y pensamiento de las actividades propias de la investigación.

Confieso que, cuando empecé mi carrera académica, fue un pequeño shock descubrir que aquellos trabajos de los que estaba tan orgulloso no eran ciencia, porque no procedían de la investigación, eran pensamiento o como quiera uno llamarlos, pero no ciencia, porque procedían exclusivamente del estudio. Para mi suerte, del shock me sacó rápido mi entorno al confrontarme sin contemplaciones con este sencillo hecho. 

Un problema común es confundir estudiar con investigar

La cuestión es que, aunque está todo relacionado y no sea posible investigar sin estudiar, en cambio, es posible pensar sin investigar, y ahí tenemos inmensas (por la extensión) obras de pensamiento de idolatrados autores tras los cuales no hay nada que les de respaldo. Ni un solo análisis, prueba, experimento o estudio de caso, o cualquier forma de contrastar las teorías con los hechos. Nada que pueda respaldar ni una coma de ese inmenso trabajo. Esta clase de obras, a veces de una calidad literaria notable, son de este modo más parte de la literatura que de la ciencia. Ahora bien, mientras nosotros no confundamos una cosa con otra no tendremos problemas.

Después, dedicaré sendos apartados a otras dos cuestiones que me temo son comunes a cualquier disciplina académica así que no se los podemos endosar en exclusiva a las Humanidades, pero por la misma razón, tampoco se libran, se trata de:

  • Las falsas identidades
  • Las teorías conspirativas

Por último, en un anexo, unos comentarios sobre uno de los argumentos o justificaciones que, a veces, he visto en ciertos ámbitos de la Humanidades para justificar el seguimiento de teorías o autores cuya obra no es precisamente un dechado de claridad:

  • El progresismo

De momento, vamos con los tres problemas que parecen ser (por desgracia) los más característicos de las Humanidades.

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Adán y Eva, Alberto Durero. Fuente: Europeana

El ensayismo

El ensayismo consiste en reclamar una libertad que es válida para un ensayo (un género que es libre por definición) pero no para un trabajo académico que, por exigencia legal, implica una evaluación sujeta a obligaciones mínimas de rigor, transparencia y consistencia que los miembros del tribunal no pueden no exigir sin riesgo de caer en alguna forma de prevaricación.

El ensayo es una forma de conocimiento imprescindible y libre por definición, para bien y para mal

El ensayo, como el arte, es una forma de conocimiento no solamente respetable sino imprescindible. Para bien y para mal su aceptación no requiere de ningún tribunal, sino que su éxito vendrá determinada por su recepción. No otorga ningún título, pero si el ensayo es bueno, puede abrir muchas puertas a su autor, lo cual está más que bien.

Esto que yo presento aquí se mueve en el terreno del ensayo (de muy pequeña escala y menos ambición), por lo tanto soy el primero que defiende su necesidad, Si yo lo estoy haciendo, ¿cómo no voy a defender el derecho a que otras personas más grandes y más sabias que yo lo hagan también?

Pero no esperaría nunca que me dieran un título académico, ni siquiera por unir un centenar de trabajos como éste.

Si alguien se lo está preguntando, claro que un trabajo académico puede tener una dimensión ensayística (estamos hablando de las Humanidades, por favor), bien en su registro discursivo, o bien como un claro componente del mismo, siempre que además esté basado/apoyado/acompañado en alguna forma de análisis empírico o contraste con los hechos de los que pretende dar cuenta. Además, deberá respetar igualmente las exigencias ineludibles de todo trabajo académico por el cual, no olvidemos esto, esperamos recibir un título oficial, y que se pueden enunciar como: rigor, transparencia y consistencia (luego diremos un poco más sobre esto).

Las relaciones entre ensayo e investigación no acaban aquí, Un joven investigador, al finalizar su tesis doctoral y recibir su título de doctor, puede desear escribir un ensayo basado en su investigación previa, pero ahora libre del corsé de los requerimientos de la investigación académica, que a veces nos llegan a parecer un poco asfixiantes. Si tiene habilidad con la palabra y su investigación ha sido fructífera, su ensayo puede ser de alta calidad y proporcionarle un bien merecido prestigio.

Un ensayo bien fundado, sobre todo si cuenta con alguna clase de apoyo empírico y/o de contraste con los hecho que quiere representar, puede proporcionar también las ideas o la motivación inicial para una investigación, o puede sugerir preguntas de investigación, o las hipótesis iniciales, etc.

Sin embargo, aunque sean posibles y deseables todas estas influencia mutuas, la línea de demarcación persiste. El ensayo es libre, la investigación para recibir un título académico tiene en cambio unas exigencias bien delimitadas.

El adanismo

Consiste en creer que, ya que trabajas en el campo de las humanidades, tienes que ser original, y por ello, no puedes permitir que otras investigaciones anteriores sobre el mismo tema te influyan en alguna forma.

El adanismo adquiere rasgos de fraude porque pretende que sea indiferente comprobar si lo que se presenta como novedad lo es realmente

El adanismo, digámoslo rápido, además de un error es un fraude. Exige un reconocimiento sin ofrecer ninguna garantía a sus evaluadores que no está repitiendo cosas ya sabidas. 

Por supuesto, ningún autor del campo de las Humanidades dirá nunca algo como “soy adanista” Simplemente suele ser una cuestión de hechos consumados que se manifiesta en que las referencias bibliográficas manejadas procederán de sus inclinaciones y criterios subjetivos, del puro azar o de la simple oportunidad,en lugar de una revisión sistematizada.

El principal problema es que nos pueden presentar objeciones imposibles de responder. Podemos argumentar y defender casi todo de un trabajo, pero no hay defensa posible ante una objeción que nos diga que lo que nosotros presentamos ya se había publicado antes o, peor, que las teorías que usamos han sido falsadas en investigaciones anteriores.

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Words. Fuente: Pixabay

El fetichismo de las palabras y el Caso Sokal

Precisamente a propósito del fetichismo, me temo que aún hace al caso hablar del llamado Escándalo Sokal, aunque procede de la década de los 90.

El fetichismo de las palabras consiste en prenderse de su forma hasta tal punto que no nos importa su significado ni, mucho menos, su racionalidad o su operatividad.

“… la gravedad existe sólo porque la sociedad se comporta como si existiera, por lo tanto si no creyéramos en ella no nos afectaría…”

Posiblemente, este fetichismo de las palabras (y de los discursos hipnotizantes)  hizo posible en su momento el tristemente famoso “experimento Sokal” (o escándalo, o caso Sokal) a partir de un artículo fraudulento aceptado y publicado en la revista Social Text. Recordemoslo, in extenso, tal como lo relata la Wikipedia:

El escándalo Sokal fue un famoso engaño logrado por el físico Alan Sokal para exponer al equipo editorial de la importante revista académica de humanidades Social Text.

En 1996, Sokal, profesor de física en la Universidad de Nueva York, envió un artículo pseudocientífico para que se publicase en la revista postmoderna de estudios culturales Social Text. Pretendía comprobar que una revista de humanidades «publicará un artículo plagado de sinsentidos, siempre y cuando: a) Suene bien; y b) apoye los prejuicios ideológicos de los editores (contra las ciencias exactas)».

El artículo, titulado Transgressing the Boundaries: Towards a Transformative Hermeneutics of Quantum Gravity1 («La transgresión de las fronteras: hacia una hermenéutica transformativa de la gravedad cuántica»), se publicó en el número de primavera/verano de 1996 de Social Text y sostenía la asombrosa tesis de que la gravedad cuántica era un constructo social; es decir, que la gravedad existe sólo porque la sociedad se comporta como si existiera, por lo tanto si no creyéramos en ella no nos afectaría. El mismo día de su publicación, Sokal anunciaba en otra revista, Lingua Franca, que el artículo era un engaño. 

El hecho causó un escándalo académico en la Universidad de Duke, entidad que publicaba Social Text. Sokal dijo que su artículo era «un pastiche de jerga postmodernista, reseñas aduladoras, citas grandilocuentes fuera de contexto y un rotundo sinsentido», que se «apoyaba en las citas más estúpidas que había podido encontrar sobre matemáticas y físicas» hechas por universitarios genéricamente llamados ‘postmodernos’ de humanidades.

“..toda proposición científica tiene que ser susceptible de ser falsada…” (Wikipedia)

Vamos ahora otros dos problemas, al menos en mi opinión, que afectan casi por igual a otros ámbitos académicos: (1) la falsa identidad y su prima hermana las inconsistencias, y (2) las teorías conspirativas.

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Ecuaciones – Pixabay. Fuente: Pixabay

La falsa identidad y las inconsistencias

Como hemos señalado, este problema, en realidad lo podemos encontrar en todo tipo de disciplinas, y por lo tanto, no es ni mucho menos exclusivo de las Humanidades. Tiene dos formas de manifestación: la falsa identidad y la inconsistencia.

Aunque A sea casi como B, y B casi como C, es posible que A y C no se parezcan en nada

Todos sabemos, incluso los que somos de letras, aquella propiedad de algunas relaciones en lógica formal (la transitividad) que afirma que, si A = B, y B = C, entonces A = C. Es un principio potentísimo. Aporta una enorme seguridad a los razonamientos cuando la transitividad es real.

El problema es cuando se construyen las identidades de una forma especial en algunos discursos. En lugar de una igualdad, usan sin reparos, un “casi igual”. De modo, que establecen así su  cadena (pseudo) lógica: si A es casi como B, y B es casi como C, entonces ¡A es igual C!

¿Ven el problema? Por este camino, yo puedo demostrar literalmente lo que quiera. La identidad más absurda, no se preocupen, que la podré demostrar. De este modo, un supuesto pensador les demostrará que la democracia es esclavitud, que la esclavitud es la libertad, que la pobreza es la riqueza, que un dictador es un libertador, que una tecnología beneficiosa es dañina, que una tecnología dañina es beneficiosa, que la democracia es buena, que la democracia es mala,en fin lo que quieran.

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Karl Marx constuyó la obra filosófica más demoledora del capitalismo de su época y llevó a cabo junto con Engels, la crítica más cruda contra la injusta sociedad de la época, sin necesidad de usar ni una sola categoría conspirativa

Las teorías conspirativas

En otra entrada de este sitio he argumentado en una cierta clave de humor, contra las teorías conspirativas. Voy a recordar los rasgos que según aquella entrada, las caracterizaba:

Para entendernos: me ha parecido observar que todas las teorías que (algunos) consideramos conspirativas suelen basarse en algunos supuestos como estos (soy consciente de que los estoy caricaturizando):

  • Todos los poderes (económicos, políticos, sociales, culturales, etc.) son malos, muy malos.
  • Estos poderes no tienen fisuras ni contradicciones
  • Estos poderes son poderosos de verdad.
  • No hay nada que podamos hacer.
  • Todo cambio es siempre, pero siempre siempre, para peor; salvo a veces, que es para mucho peor.

Basta leer a algunos autores (no, no los mencionaré, no me voy a meter en ese jardín) para darse cuenta de que el fundamento de todo su (supuesto) pensamiento es una pura teoría conspirativa, normalmente, alrededor de una idea del poder como la que más arriba he intentado representar.

Las teorías conspirativas siempre son verdaderas, luego imposibles de falsar y por tanto inútiles para la ciencia

El problema de las teorías conspirativas es que no sirven para analizar ningún aspecto de la realidad. Su capacidad descriptiva o predictiva (lo que se pide a toda teoría) es nula. Por ejemplo, son incapaces de explicar cualquier cambio social, como no sea a peor.

Quien esté interesado en una discusión más amplia sobre los problemas lógicos, epistemológicos, etc. de las teorías conspirativas. puede ver esta entrada sobre el tema.

Las alternativas

Solemos identificar los estudios e investigaciones llevados a cabo en el campo de las Humanidades con las metodologías cualitativas, aunque cada vez hay más ejemplos de magníficas investigaciones en Humanidades utilizando metodologías cuantitativas.

Decimos esto porque, por suerte, al menos de desde los años noventa disponemos de un excelente corpus de trabajos teóricos que nos aportan una impresionante colección de metodologías cualitativas que no dejan fuera a nadie.

Un trabajo académico no exige adherirse a un paradigma positivista, pero sí al rigor en  la toma y análisis de los datos, a la transparencia en los procedimientos y a la consistencia en la cadena lógica que debe relacionarlo todo

Lo que queremos decir es que no hace falta que un investigador del campo de las Humanidades se adhiera al positivismo ni a ningún paradigma del mundo de las ciencias experimentales (tampoco está prohibido). Gracias al esfuerzo de cientos de investigadores de las mejores universidades de todo el mundo, poseemos metodologías que garantizan rigor y transparencia sin necesidad de adherirse como digo a un paradigma con el que el autor no esté de acuerdo.

Las metodologías cualitativas no dejan a nadie fuera: todas las opciones epistemológicas, desde el positivismo hasta la teoría crítica, pasando por el feminismo y la emancipación social tienen cabida en ellas.

Además, estas metodologías admiten una amplia variedad de formas de obtención de datos que tampoco dejan fuera a nadie, porque contemplan desde la observación participante hasta las historias de vida, pasando por las entrevistas, los métodos etnográficos, el trabajo con documentos, el estudio de caso y otras muchas formas de trabajo.

Eso sí, aquello que todas las metodologías cualitativas, incluyendo las más flexibles y las más profundamente enraizadas en el humanismo, comparten entre ellas es lo siguiente: todas exigen el triángulo de oro que ya hemos mencionado varias veces: rigor, transparencia y consistencia.

Rigor porque imponen una determinada forma de proceder que incluya garantías de validez en el diseño del análisis y de la obtención de los datos; transparencia porque hay que dar cuenta exacta de la forma en la que hemos procedido en cada uno de nuestros pasos así como las fuentes que hemos consultado. Consistencia, porque todo debe estar vinculado en una cadena de razonamiento que demuestra la unión coherente de todas las partes.

Conclusiones

Si las Humanidades tienen (aún) una cierta mala fama, a pesar de los inmensos beneficios que rinden a diario al conjunto de la humanidad, podemos decir que esto es injusto, por supuesto, pero también que… a veces es por algo. Evitemos las malas prácticas, al menos en el sector académico donde la ciencia es, o debería ser, ciencia evaluada y en donde se supone nadie quiere que ver devaluado el título que tanto esfuerzo le ha costado ganar.

No podemos objetar nada contra el uso de esta o aquella estrategia de pensamiento, por muy poco afortunada que nos parezca, si se da en el mundo de la obra ensayística o en el ámbito de la llamada, precisamente, “obra de pensamiento”. A veces, personalmente, considero que pueden considerarse buenas obras literarias, más que otra cosa, porque lo cierto es que suelen estar muy bien escritas y su discurso puede ser realmente cautivador. Lo que importa es que, el hecho de que a su autor no le haya parecido necesario contrastar sus teorías con los hechos que quiere describir, debe impedirnos tomar sus afirmaciones como hechos probados. Esta es la precaución que debemos tomar principalmente.

Si se pudiese prohibir un pensamiento por ser inexacto, cualquier idea contra los intereses del poder sería declarada inexacta

Pero, para esto están estos géneros, para que los autores tengan toda la libertad que no nos concede el mundo de la investigación evaluada. Además, intentar restringir la libertad a algún autor, con la excusa de que dice cosas inexactas o incluso estúpidas, sería criminal, primero, porque no habría forma humana de ponerse de acuerdo en qué es o deja de ser una estupidez y, segundo porque, ¡qué casualidad, para el poder, siempre seria inexacto o estúpido todo lo que fuera contra sus intereses! Y esto no es conspirativo. Es una realidad tan cruda que es sabido que no puede haber democracia sin una libertad de prensa y de opinión que ampare incluso el  derecho a proferir estupideces. Salvando las (enormes) distancias, es la misma norma del ámbito de los derecho humanos, tan mal entendida con frecuencia, que afirma que es mejor tener diez criminales sueltos que un solo inocente en prisión. 

Volvamos a nuestro terreno. La cuestión es que, en el mundo académico, es conveniente no confundirse, porque nos podemos llevar la desagradable sorpresa de que la mayor parte de nuestro trabajo no sea validada si no hemos tomados las mínimas garantías, si confundimos la libertad que merece el mundo del ensayo, por las razones indicadas, con el rigor y la exigencia que nos puede reclamar un tribunal académico. Tribunal que está obligado a juzgar la racionalidad de nuestro trabajo antes de concedernos un título. Algo que después, cómo es lógico, esperamos que la sociedad acepte en forma de reconocimiento a nuestro nivel, capacidad para optar a ciertos puestos de trabajo, etc.

Anexo. El progresismo fantasma

Por alguna razón, una buena parte de los autores en el campo de las Humanidades se adscribe a alguna forma de tendencia progresista de pensamiento Es algo que me encanta, porque me identifico más con las corrientes de pensamiento progresistas que con las conservadoras. 

Ahora bien, tengo la desagradable sensación de que, en el campo de las Humanidades a veces es un progresismo fantasma porque se basa en discursos cuyo objeto de estudio es irreconocible y que, por supuesto, no se basan en ninguna estrategia de toma de datos empírica, como hemos intentado señalar antes. Puro discurso en general de tipo conspirativo. Esto es progresismo fantasma o  vudú (como diría  Paul Krugman) porque confía en que haciendo discursos fetichistas el mundo será más justo.

Los grandes campeones en la lucha contra las desigualdades, la principal bandera del pensamiento progresista (en mi opinión) utilizan conceptos diametralmente alejados de cualquier visión conspirativa en la cual el poder opresor es algo casi místico en su perfección y pureza.. Y esto es así, desde Karl Marx a Thomas Piketty, pasando por Amartya Sen, el mencionado Paul Krugman o quienes ustedes quieran identificar como adalides en la lucha contra las injusticias y las desigualdades. Si es alguien que ha aportado algo de verdad a las lucha contra las desigualdades o a favor de las libertades, no lo duden, no será alguien que haya usado progresismo fantasma. Habrá utilizado datos, solvencia y transparencia, indicadores reconocibles, análisis comparativos, denuncias basadas en evidencias y datos empíricos, etc.

Referencias sobre metodologías en la investigación académica

A continuación, algunas de las referencias que ya he dado a conocer a lo largo de otras entradas, más algunas nuevas que he añadido para esta ocasión.

Cómo se hace una tesis (o un trabajo final de máster)

  • E. Alana James; Tracesea H. Slater. Writing your Doctoral Dissertation or Thesis Faster. London: Sage, 2014.
  • Carrie Winstanley. Writing a Dissertation for Dummies. Indiana: Wiley, 2009.
  • Patrick Dunleavy. Authoring a PhD: How to plan, draft, write and finish a doctoral thesis or dissertation. Hampshire: Macmillan, 2013.
  • Judith Bell; Stephen Waters. Doing your Research Project: A Guide for first-time Researchers. Berkshire: McGraw Hill, 2014.
  • Loraine Blaxter; Christina Hugues; Malcolm Tight. How to Research. Berkshire: McGraw Hill, 2010.
  • Paul Oliver. Writing your Thesis. London: Sage, 2014.

Cómo se lleva a cabo una revisión sistemática

  • Angela Boland; M. Gemma Cherry; Rumona Dickson. Doing a Systematic Review: A Student’s Guide. London: Sage, 2014.
  • David Gouch et al. An Introduction to Systematics Reviews. London: Sage, 2012.
  • Diana Ridley. The Literature Review. London: Sage, 2012.
  • Jill K. Jesson; Lydia Matheson; Fiona M. Lacey. Doing your Literature Review: Traditional and Systematic Techniques. London: Sage, 2011.
  • Lawrence A. Machi; Brenda T. McEvoy. The Literature Review: Six Steps to Success. Thousand Oaks, California: Corwin, 2012.

Metodologías

  • Alan Bryman. Social Research Methods. New York: Oxford University Press, 2012.
  • David Silverman (Ed.). Qualitative Research. London: Sage, 2011.
  • Helen Kara. Creative Research Methods in the Social Sciences: A Practical Guide. Bristol: Policy Press, 2015.
  • Klaus Brhun Jensen (Ed.). A Handbook of Media and Communication Research: Qualitative and Quantitative Methodologies. Oxon: Routledge, 2012.
  • Jane et al. Qualitative Research Practice: A Guide for Social Science Students and researchers. London: Sage, 2014.
  • John W. Creswell. Research Design: Qualitative, Quantitative, and Mixed Methods Approaches. London: Sage, 2014.
  • Koldobika Meso; Irate Aguirreazkuenaga; Ainara Larrondo (Eds.). Active Audiences and Journalism. Servicio Editorial de la Universidad del País Vasco: 2015
  • Maggi Savin-Baden; Claire Howell Major. Qualitative Research. The essential guide to theory and practice. London: Rouletge, 2013
  • Margrit Schreider. Qualitative Content Analysis in Practice. London: Sage, 2012.
  • Matthew B. Miles; A. Michael Huberman; Johnny Saldaña. Qualitative Data Analysis. A Methods Sourcebook. London: Sage, 2014.
  • Michelle O`Reilly; Nikki Kivimba. Advanced Qualitative Research. A guide to usign theory. London: Sage, 2015.
  • Monique Hennink; Inge Hutter; Ajay Bailey. Qualitative Research Methods. London: Sage, 2011.
  • Norman K. Denzin; Yvonna S. Lincoln. The SAGE Handbook of Qualitative Research. London: Sage, 2011
  • Sharan B. Merriam; Elizabeth J. Tisdell. Qualitative Research: A Guide to Design and Implementation. San Francisco: Jossey-Bass (Wiley): 2014.
  • Stephen D. Lapan et al. Qualitative Research: An Introduction to Methods and Designs. San Francisco: Jossey-Bass (Wiley): 2012.
  • Uwe Fick (editor). The Sage Handbook of Qualitative Data Analysis. London: Sage, 2014
  • Víctor Cavaller et al. Audiencia y Visibilidad en los Medios de Comunicación (3 Vols.). Barcelona: UOC, 2011.

Estudios de caso

  • Gary Thomas. How to do your Case Study. London: Sage, 2011.
  • Robert K. Yin. Case Study Research. Design and Methods. London: Sage, 2014.
  • Xavier Coller. Estudios de Caso. Madrid: CSIC, 2005

Sobre el Escándalo Sokal

  • Alan Sokal; Jean Bricmont. Imposturas Intelectuales. Barcelona: Paidós, 1999.