La gran disrupción: la web + los dispositivos móviles y lo que podemos hacer

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1. La Web

Las tecnologías disruptivas son aquellas que marcan nuevas épocas. Merecen este nombre porque interrumpen, literalmente, muchas cosas.  No solamente líneas de desarrollo, sino de formas de pensar. Y son tan importantes porque, aunque cada tecnología disruptiva nace en un nicho concreto, su influencia acaba extendiéndose a casi todos los ámbitos de la sociedad.

La web en si misma ha provocado un enorme cambio en el universo de la información. Un cambio que nadie supo prever; un cambio que nunca figuró en ningún pronóstico que yo sepa y que es el siguiente, a saber: cada vez tenemos más información, como consecuencia de lo cual la información cada vez tiene menos valor; y al mismo tiempo cada vez tenemos acceso a más y más información gratuita y de más calidad.

Bonita paradoja, ¿no? A ver qué ley económica nos explica esto (no dudo que la haya, los economistas son maravillosos para explicar las cosas a toro pasado). Pero justamente esto es lo que tenemos ahora en el nuevo ecosistema informativo de la web: una gran abundancia de información en todos los ámbitos del saber y en todos los niveles de calidad; y sí, también de enorme calidad.

Precisamente esta abundancia está produciendo el efecto contrario del que hubiera podido predecirse; no puedo estar seguro porque me fio de la memoria, pero creo que si buscamos en las predicciones lanzadas hace una década dudo que alguien dijera algo como esto: “en los próximos diez años habrá más información gratuita que nunca y de más calidad que nunca”.

Lo que recuerdo en cambio es toda clase de predicciones apocalípticas sobre los peligros de Internet, incluyendo que la web nos volvería estúpidos. ¿En serio? ¿Tener más acceso al conocimiento, más oportunidades que nunca de acceder a coste a cero a cosas que antes hubieran tenido precios prohibitivos es motivo de depresión? Nunca entenderé del todo a los profesionales de la predicción apocalíptica. ¿Les produce paz espiritual amargar la vida a sus oyentes o les proporciona más audiencia? (a qué va a ser esto último…)


Acaba de aparecer la obra Informes ThinkEPI 2015 sobre documentación y comunicación. Com aportaciones de (por orden de capítulo): Xavier Agenjo-Bullón, Natalia Arroyo, Josep Cobarsí, José-Antonio Cordón, Rodrigo Costas, Nieves González-Fernández, Pere Masip, Remedios Melero, Ernest Abadal, Juan Antonio Pastor, Tomás Saorín, Gloria Pérez-Salmerón y Carlos Miguel Tejada. Esta entrada forma parte del Prólogo de la obra (ver referencia al final).


2. Los dispositivos móviles

Sea como sea, para acabarlo de redondearlo, a lo anterior, se ha unido en los últimos años otra enorme fuerza disruptiva: los dispositivos móviles, ya sea en forma de smartphones (sobre todo), de wearables o de tablets.

Si nos centramos en los smartphones, en otro lugar recientemente ya he dicho que en realidad, un smartphone para lo último que se utiliza es para hablar por teléfono: ¿cuántos propietarios de smartphone recuerdan haber tenido una llamada inoportuna en un cine o en una reunión en el último año? ¿Se imaginan el motivo? ¿Será porque en el ecosistema smartphone casi nadie, casi nunca, ni llama ni recibe llamadas? (¿se da cuenta ahora porqué las telefónicas están locas detrás del negocio de la televisión?)

El mal llamado smartphone ocupa de hecho el lugar de una docena de gadgets porque en realidad es muchas cosas a la vez. Es un centro ofimático: ya que con él podemos leer y responder correos; así como editar presentaciones o informes; un centro multimedia: podemos ver documentales y escuchar música; de ocio: podemos jugar y ver películas; de lectura de prensa y libros: tenemos quioscos de revistas, lectores de ebooks y agregadores de prensa; y es también un centro de producción audiovisual: podemos grabar sonidos, hacer fotografías y rodar films completos, si lo deseamos (y de hecho, ya se ha llevado a cabo). Todo con un solo aparato de bolsillo que pesa entre 150 y 200 gramos

3. Los efectos

Me voy a referir brevemente a los efectos en un sector muy cercano al de la Documentación; el del Periodismo y la Comunicación (antes de que protesten: son dos sectores hermanados por su vinculación con la memoria y la difusión de la información, así como por su vinculación directa con el interés social, por mencionar solo dos cosas, pero hay más).

La cuestión es que en el Periodismo, la disruptura es total. De hecho, es tan grande que nadie sabe a día de hoy cómo serán los medios de comunicación dentro de 10 años. Nadie sabe cómo será el sector. Todos queremos que siga habiendo periodismo de calidad, y queremos que calidad sea sinónimo de periodismo de investigación; de periodismo al servicio del ciudadano. Pero no sabemos cómo serán las empresas, cómo será su modelo de negocio, cómo serán los productos periodísticos ni qué perfil tendrán exactamente los periodistas, aunque en las Facultades de Comunicación peleamos a diario para tener las mejores aproximaciones posibles a estas respuestas.

Lo que importa ahora es que la disrupción ya se ha producido (y en este caso creo que en general para bien) en diversos apartados a cuál más interesante: por ejemplo, el periodismo más consultado ahora es el ciberperiodismo; y el ciberperiodismo es básicamente ahora abierto y gratuito. Un enorme paso adelante.

Existen nuevos géneros periodísticos, como el periodismo de datos y el periodismo basado en la visualización de la información. Sucede que los mejores casos y prácticas de esta clase de periodismo es periodismo de investigación, es decir, periodismo basado en verificaciones y en dar a conocer cosas que alguien, en alguna posición de poder, preferiría que no se publicara y, sin embargo se publican.

4. Lo que podemos hacer

Sé que disrupción es también sinónimo de amenaza, porque no hay disrupción sin sectores que pierden; pero hay otros sectores que ganan. De lo que se trata es que el balance final tanto a corto, como a medio y largo plazo, sea favorable globalmente para los ciudadanos.

No nos serviría de nada toda la innovación del mundo si no somos capaces de tener una sociedad mejor. La pregunta, me lo imagino, es ¿y esto cómo se consigue? Por supuesto, no tengo la respuesta, pero les puedo apuntar un camino que seguro que funciona: no nos tapemos los ojos, al revés, abramos bien ojos y oídos y apoyemos las mejores iniciativas de estudio y reflexión en este ámbito.

Leamos, discutamos, indaguemos todo lo que haga falta, pero aprovechemos todas las oportunidades de debate (y de acción en cuanto nos lo podemos permitir) para hacer que estas disrupciones al final sean para bien.  Y, que conste que, al menos para algunos, “para bien” solo tiene sentido si se aplica al bien común, por tanto, para el bienestar de la mayoría de los ciudadanos y en una misma dirección, cada vez para tener sociedades más libres y humanizadas.


Del Prólogo a la obra: Tomás Baiget (dir.); Isabel Olea (coord.). Informes ThinkEPI 2015 sobre documentación y comunicación, v. 1, 213 pp. Barcelona: EPI SCP. ISBN 978 84 606 8209 7
http://www.thinkepi.net